En la festividad de San Isidro Labrador, Rosana nos cuenta cómo ideó incorporar el sonido de los campos de Castilla en la Caja 198  a través del folklore popular recopilado por Agapito Marazuela y la voz a capella de Rozalén abriendo cada episodio.
 
Aunque ya llevo más de media vida en Madrid, a mí la festividad San Isidro Labrador no me traslada a su pradera en la capital, sino a una procesión en medio del prado de Aldeaseca con el santo en andas, al ritmo de dulzaina y tamboril. Es la banda sonora de mis recuerdos infantiles que quise recrear de alguna forma en La Caja 198. Porque así debía sonar esta historia rural de silencios.
 
Nací en una familia de labradores y por eso, cada 15 de mayo, era todo un ritual rendir homenaje a su patrón y jamás faltábamos a la procesión de San Isidro en el pueblo de mi padre. Creo que era después de comer cuando los vecinos sacaban al santo al campo, acompañado por la música popular que tocaban dos ancianos con boina.
 
Seguramente, aquellos dulzaineros y tamborileros que rememoro no fueran viejos, aunque a los ojos de una niña de entonces lo parecieran. O sí. El músico más famoso que tocaba por aquellos pueblos abulenses de La Moraña y limítrofes de Valladolid y Segovia se llamaba Agapito.
 
Al encerrar a San Isidro tras pasearles en procesión por el prado, lo vecinos se quedaban bailando a la puerta de la iglesia de Aldeaseca. Era una fiesta. Y esa es la música que muchos años después he identificado como “bailes de procesión” en el Cancionero de Castilla la vieja, recopilación del gran dulzaineiro y erudito del folklore popular castellano, Agapito Marazuela. ¿El mismo Agapito de las procesiones de mi infancia? Seguramente.
 
En su cancionero también alude a otros instrumentos populares con los que acompañaban a los músicos los vecinos: “instrumentos pobres” como las panderetas, la zambomba o el almirez. ¡Qué bien sonaba el almirez de metal que mi abuela Teresa tenía al lado del teléfono! Ese es otro de los recuerdos más arraigados de mi infancia en Aldeaseca.
 
La mayoría de los cantos que integran este Cancionero (publicado en 1964) fueron recopilados por Agapito directamente entre los años de 1915 a 1925. Gracias a su labor investigadora y compilatoria, ha sobrevivido esta parte del folklore castellano que de otra manera se habría perdido para siempre.
 
Agapito era comunista, con carné del PCE hasta su muerte. La mal llamada guerra civil frustró su gran futuro como músico y pedagogo. Participó en las Misiones Pedagógicas durante la II República y recibió en 1933 el premio Nacional de Música. En agosto del 1936, cuando fusilan a Los 7 de Pajares a no demasiados kilómetros de su Valverde del Majano natal, Marazuela fue uno de los fundadores de las Milicias Segovianas Antifascistas. Por ello le condenaron a 12 años de prisión.
 
Tras pasar por diversas cárceles y arrestos domiciliarios, sobrevivió a la represión del franquismo en el ostracismo y casi en la indigencia, tocando la dulzaina en las procesiones de los pueblos de esa zona de Castilla “la vieja” que incluye La Moraña. En esa tierra recia en la que yo nací seis días después de morirse Franco, y donde me crié en medio de silencios que no entendía. Silencios rurales rajados por la cultura popular como único aglomerante de sus vecinos.
 
Había que rendir homenaje a Agapito Marazuela en este pódcast, poner en valor su joya recopilatoria del folklore castellano. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que tentando la colaboración de una artista tan comprometida con la memoria y el folklore popular como Rozalén?



A Rozalén le llegó la propuesta de colaboración allá por enero a través de su hermano Fran, cuando aún ni estaban seleccionados los fragmentos de música popular castellana con los que arrancaría cada episodio. Pero en mi cabeza ya sonaban canciones de mi tierra y de mi infancia con su inconfundible voz e impronta personal.
 
Pese a estar en plena gira de su disco El Abrazo y preparando la obra de teatro Chavela, nos dijo que sí. Durante el verano trabajamos en la selección definitiva de los 8 fragmentos que cantaría a capella, y también en el levantamiento de su exclusiva con Sony para poder participar en nuestro proyecto.
 
A parte parte de la recopilación de Agapito Marazuela, fue maravilloso añadir Al Alba, del gran Luis Eduardo Aute, y la Canción de siega, trilla y escabaneo recogida en el Cancionero popular de Burgos, la primera recopilación de folklore de Castilla realizada por el sacerdote y musicóloco Federico Olmeda en 1902:
 
 
Todo lo crea la tierra
todo se lo come el sol.
Todo lo puede el dinero,
todo lo vence el amor.

 
Finalmente, Rozalén grabó en el estudio de Ismael Guijarro a principios de septiembre. Y el precioso resultado final nos llegó justo en el momento en el que nos trasladábamos al estudio de Barcelona en el que íbamos a grabar con Jose Sacristán los relatos de Evaristo Ayuso. Pero esa es otra historia que os contaremos más adelante en estos cuadernos de producción.
 
 
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